Municipalismo

La Unión Europea promulga normativas que afectan a nuestra legislación, la modelan y alteran nuestro ordenamiento jurídico y político, sumergiéndolo en un entramado de poder alejado del interés de los españoles.

Los estados europeos deberían ser los limitadores de ese poder. Sin embargo, no solamente esto no sucede sino que la intrusión de la Unión Europea prosigue y nos impone cómo debemos legislar, sin considerar las particularidades de los pueblos de Europa.

Igualmente, las administraciones autonómicas se han convertido en un avance de “mini Estado” central que ya no responden al interés de la nación. La consecuencia de todo esto es que existe una pinza que atenaza al ciudadano e imposibilita la pervivencia del Estado del Bienestar: por un lado el centralismo europeo y por el otro el centralismo autonómico, tan alejados ambos de las necesidades de los pueblos, son ambos, hoy día, rehenes del mundialismo disolvente.

El Estado, por tanto, debe tener como pieza básica al municipio, el cual es la entidad social y natural más próxima al ciudadano, la más arraigada en nuestra sociedad y la que actualmente menos competencias y recursos tiene. Por todo ello, nosotros proponemos mover el eje competencial Unión Europea/autonomías al eje natural nación/municipio.

El municipalismo defiende que la ordenación social debe estar dirigida de abajo a arriba. Reconoce en el municipio la forma política primigenia y, por tanto, la que debe atenderse de forma especial. Para ello, el municipalismo reclama para

la administración de las poblaciones las competencias que le son propias, en materias como vivienda y servicios sociales (asistencia social, personas mayores, juventud, deportes, etc.), dotándoles de una autonomía económica a través de una reorganización de la política fiscal que le permita prestarlos sin estar subordinados a otras administraciones superiores, y para el caso de municipios con poca población, debe permitírseles crear consorcios que faciliten la generación de los presupuestos necesarios.

Para que todo ello sea posible, la regeneración política también debe empezar por los municipios y es imprescindible concienciar a la sociedad de la necesidad de que el epicentro de la política pase de estamentos elitistas, completamente alejados de la sociedad, y se acerque a los municipios. Iniciar el camino hacia la segunda descentralización que otorgue competencias a los municipios es el mejor remedio contra las ansias separatistas y el proyecto de desintegración de la base demográfica y cultural europea.